Recientemente, he creado un proyecto comunicacional destinado a generar información y contenidos variados referentes a la movilidad humana. Soy periodista venezolano, actualmente residenciado en la República del Ecuador. Ahora bien, ¿porqué decidí hacer este proyecto?, creo fielmente que cada experiencia vivida y decisión tomada en el pasado nos llevan indiscutiblemente a lo que somos y hacemos en la actualidad.
En mi país, desde pequeño veía a las personas extranjeras con respeto, valoré siempre sus oficios y por supuesto, crecí viendo ese ejemplo de mis padres y familiares mayores, en mi casa trabajaron varias señoras de nacionalidad colombiana a quienes la historia familiar les daría un merecido lugar de respeto y cariño. El tiempo sin demora y muy preciso avanza, y la situación en Venezuela hace que mis maletas sean desempolvadas para probar nuevas suertes en la región latinoamericana. Iniciando mi travesía por el hermano país, mi profesión y oficio ejercido intensamente en Venezuela, parecía haber iniciado su año sabático. Al cruzar fronteras en muchas ocasiones los títulos profesionales van tomando su lugar en los archivos nómadas con las pocas pertenencias que me acompañan en la travesía. En la mayoría de los casos, quienes tienen en sus países de origen algún título profesional sólo podrán con suerte ejercer algún oficio destinado a labores más prácticas, excediendo las horas reglamentarias y por supuesto con un salario aún más bajo de lo legalmente establecido.
Luego de vivir por algunos meses en Bogotá, junto a mi familia decidí llegar a Ecuador, tratando desde el primer momento reunir los requisitos para hacer mi morada regular en ese país. No lejos de la realidad de muchos, mis inicios se limitó a vender empanadas para de alguna forma costear los dos pilares más importantes de cualquier migrante; el arriendo y la alimentación. Luego de algunos meses, me atrevería decir, en los últimos meses logro sentir de algún modo un extraño vínculo por esta tierra que hace un año me abrió sus fronteras. Debo reconocer que sólo por el hecho de haber tenido acá el nacimiento de mi segunda hija, la cual el estado ecuatoriano inmediatamente le dio nacionalidad hace estrecho mi vínculo con la sierra ecuatoriana, entre muchas otras gratas vivencias, poco a poco me siento agradecido por haber llegado al Ecuador.
Ahora bien, ¿qué hay detrás de sentir algo de paz, luego de casi un año de estadía en un país distinto al de tu nacionalidad?, ¡pues mucho!, lo explicaré breve.
Al salir de tu país, dejas atrás con cierto sentido de culpa mucha gente valiosa y especial para ti. Al salir de tu país, aunque no estés preparado, deberás felicitar en días especiales (cumpleaños, Navidad etc) mediante una App que te permita verles en videollamada. Al salir de tu país, durante quien sabe cuanto tiempo deberás escuchar las peticiones de mucha gente cercana o no, con necesidades que tú de momento no podrás ayudarles, porque simplemente a duras penas te alcanzará para comer y reunir el arriendo (si eres responsable claro). Al salir de tu país, deberás limitarte a escuchar o leer que un familiar o allegado ha fallecido, y lo peor, ni pienses que vas a darle su último adiós... Al salir de tu país, por más que estés rodeado de gente cálida y buena, sentirás el vacío que deja estar lejos de la familia. Al salir de tu país, comprenderás lo que muchas personas sentían cuando llegaban a tu país buscando exactamente lo mismo: una mejor vida, con suerte mi experiencia con aquellas personas siempre fue la mejor, pero si en tu caso no lo fue, es tiempo de reflexionar y aunque el tiempo ha pasado, nunca es tarde para cambiar de óptica. Al salir de tu país, entiendes como nunca lo que significa haber tomado la difícil decisión de emigrar.